
A n s i e d a d
(Del lat. anxiĕtas, -ātis).
1. f. Estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo.
2. f. Med. Angustia que suele acompañar a muchas enfermedades, en particular a ciertas neurosis, y que no permite sosiego a los enfermos.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
1. f. Estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo.
2. f. Med. Angustia que suele acompañar a muchas enfermedades, en particular a ciertas neurosis, y que no permite sosiego a los enfermos.
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El tiempo pasa lento y las ideas corren, desordenadas. La paciencia se debilita y constantemente, la garganta, el estómago, se vuelven un nudo.
La tensión se une en una agitación silenciosa y muchas veces individual y, dependiendo de la circunstancia, no hay nada que la acalle.
En "La razón de los amantes" (la última novela de Pablo Simonetti) este sentimiento universal actúa como eje conductor de una historia aparentemente más verídica que ficticia. Desear lo lejano, detestar lo cotidiano, es la guía de los personajes.
Paradojalmente, mientras leía la segunda novela de Simonetti, una ansiedad algo ciega y sorda me embargaba. Quería apreciar cada detalle del relato, no dejar pasar ningún guiño literario, y llegar a la última página con la satisfacción de haber aprehendido cada palabra en su total dimensión. Y es que -tal y como comenta Simonetti- la ansiedad radica en las exageradas expectativas que se tienen del futuro, en la pérdida de perspectiva y sentido común ante hechos que pueden o no ocurrir.
Ansiar es sinónimo de anhelar, esperar, desear, y justamente se ubica en aquella línea que más nos hace imaginar que razonar; el ansia desata las pasiones más sublimes, no cabe duda, pero también los llantos más acuosos.
En la desorbitante esperanza está el vértigo, entonces, y la solución existente no es necesariamente hacer desaparecer el sueño, sino cobijarlo en el más sincero reposo accionario.
¿Qué diantres significa esto? Actuar sólo cuando es debido, con el sabio tiempo en la mira, y las expectativas en el bolsillo.
La mirada tranquila, la sonrisa iluminada, es de aquellos que saben manejar el ansia como impulso, no como causa o final.
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Cuando mi viejo me decía que las ansiedades se iban calmando con los años, yo me reía un poquito. Ahora, que el tiempo pasa, pero tranquilo y sin tanta prisa como hace años, no me río. O al menos no tanto, porque sé que una vez más mi padre estaba en lo cierto.
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*Para ver mi entrevista a Pablo Simonetti, haz click acá.


2 Comments:
La ansiedad, ese enemigo que a veces nos abate y otras nos lleva a actuar.He tenido mis ataques, sobre todo en los últimos días.
Espero seguirte elyendo y volver a contar con tus visitas, ahora que he regesado.
Un beso desde acá
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gustavo, at 4:58 PM
Actualización! algo del 18 por ahí sería bueno leer! son fechas muy buenas de relatar.
Beso.
By
Anónimo, at 6:07 PM
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