Subiendo por Santa Isabel, está la calle Crédito y, en su esquina surponiente, una empresa de contabilidad...
11 mayo 2008
Curiosidad matutina
Subiendo por Santa Isabel, está la calle Crédito y, en su esquina surponiente, una empresa de contabilidad...
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10 marzo 2008
Cristo: ¿Representación de representaciones?

En una escenografía de cartones y modestos focos, comienza la nueva obra de Manuela Infante: la ya consagrada "promesa de la dramaturgia nacional" que rompió esquemas con Prat, Juana, Narciso y Rey Planta hace ya un par de años.
De texto consistente y una "espontaneidad/no-espontaneidad" que resulta absolutamente lúdica y arrolladora, Cristo se convierte de pronto no en el eje central de la trama, sino en una excusa para ahondar en la verdad, lo verosímil, la fe y la modernidad.
Con tiempos redondos (aunque perfectibles, sobre todo en en la "representación" de la Pasión que realizan con cartones los actores en escena), los aplausos se hicieron escasos tras una hora y cuarenta minutos de genialidad y desplante.
Sin duda, la mano joven y temeraria de Infante volverá a sorprendernos más adelante-como ahora con Cristo-, con un nuevo nombre, digno de más aplausos.
"Cristo", de Manuela Infante. En Matucana 100
29 febrero 2008
18 enero 2008
03 enero 2008
El pudor del adiós
A pesar de ser parte del medio, cada vez que muere un personaje emblemático de nuestro país o el mundo, me parece escalofriante cómo se reparten por la parrilla programática sendos reportajes y especiales del difunto en cuestión. "Los grandes momentos de....", las frases en blanco y negro, los collage de toda una vida en escasos milisegundos televisivos.... una crónica mezquina o, peor aún, excesivamente ensalzada, que se levanta en un titular predecible, dentro palabras de familiares y amigos, entre comillas.
La muerte de Julio Martínez me deja ese gusto raro en la boca, del pudor que me preducen los adiós. El pudor de programas preparados a la mera señal de un diagnóstico apellidado "terminal", de las páginas diagramadas en días feriados, del deseo de retratar una realidad que, aunque eminente, aún no ha sucedido.
Y es que los diagnósticos mediáticos a veces son aún más fuertes que los médicos.
Dios cuide a Julio Martínez, y a su familia, entre los que está (como me comentó cariñosamente él mismo en una entrevista) una nieta que lleva el mismo nombre mío.
A pesar de ser parte del medio, cada vez que muere un personaje emblemático de nuestro país o el mundo, me parece escalofriante cómo se reparten por la parrilla programática sendos reportajes y especiales del difunto en cuestión. "Los grandes momentos de....", las frases en blanco y negro, los collage de toda una vida en escasos milisegundos televisivos.... una crónica mezquina o, peor aún, excesivamente ensalzada, que se levanta en un titular predecible, dentro palabras de familiares y amigos, entre comillas.
La muerte de Julio Martínez me deja ese gusto raro en la boca, del pudor que me preducen los adiós. El pudor de programas preparados a la mera señal de un diagnóstico apellidado "terminal", de las páginas diagramadas en días feriados, del deseo de retratar una realidad que, aunque eminente, aún no ha sucedido.
Y es que los diagnósticos mediáticos a veces son aún más fuertes que los médicos.
Dios cuide a Julio Martínez, y a su familia, entre los que está (como me comentó cariñosamente él mismo en una entrevista) una nieta que lleva el mismo nombre mío.



